Ver Viajes del Mundo en un mapa más grande

martes, 19 de junio de 2018

LA CARA OESTE DEL JIRISHANCA. JEFE DE CORDADA, de Ricardo Cassin

LA CARA OESTE DEL JIRISHANCA. JEFE DE CORDADA, de Ricardo Cassin

    "Todos estamos tensos en el esfuerzo de superar el último tramo que nos separa de la cima. Después de una escarpada pendiente de hielo, cubierta de nieve inestable que lleva a una cresta, atravesamos a la derecha y llegamos a una canal, también con nieve inconsistente. Pasado un pequeño collado, debemos vencer la parte superior del hongo que forma la cima, afrontando un hielo poco fiable, esponjoso y suelto en la superficie. El piolet entra entero, el pie cede y no puede impulsarse para el movimiento sucesivo.
    El frágil casquete de hielo de la cima parece querer defender la inviolabilidad de este nevado, de 6126 metros de altura. De repente ya no veo a Ferrari y Lafranconi, que han ido hacia el otro lado para buscar cómo seguir. Vivo instantes trepidantes… He pasado muchos momentos buenos y malos en la montaña: el sufrimiento, la alegría, las emociones se suceden. Además del físico templado es necesaria mucha fuerza de voluntad y orgullo, pero son requisitos que a mí y a mis valerosos compañeros no nos faltan.
    Ferrari, asegurado por Lafranconi, con gran fuerza de carácter no desiste y vuelve a intentarlo, asegurando el paso con tacos de madera (obtenidos cortando leña con los piolets) hasta que consigue superar el último tramo y alzarse en la cima. Son las dos y media e, inmediatamente después, todos llegamos a la cima.
    Estoy emocionado y feliz. Con sesenta años cumplidos, junto a los queridos chicos que son como yo, miro el mundo desde esta cima. Mi mente esta como drogada de un silencio infinito. El abrazo que nos intercambiamos es casi mudo: cada uno de nosotros vive la unión completa con la montaña dominada, cada uno según su propia sensibilidad particular. Abajo en la gruta daremos desahogo a nuestra alegría."
Jirishanca, cara oeste

HENRY DAVID THOUREAU

"Siento que mi vida es muy sencilla y mis placeres, muy baratos. Alegría y pena, éxito y fracaso, grandeza y mezquindad y, de hecho, la mayoría de las palabras no significan para mi lo mismo que para mis vecinos"
Diarios, 18 de octubre de 1856

MUJERES DE LA RESISTENCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

MUJERES DE LA RESISTENCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "En 1984, se entrevistó a Jeanette, una viuda de setenta años que había sido agente de enlace en la zona carbonera del Pas-de-Calais, y comenzó afirmando: «No tengo gran cosa que contar». Su esposo había sido prisionero de guerra en un campo de concentración en Alemania y no tenían hijos, de modo que cuando un amigo comunista de su esposo le pidió ayuda, ella contestó afirmativamente. Continuó después: «A partir de octubre de 1943, ingresé en los FTP. Llevaba armas y dinamita que los mineros escamoteaban de los pozos. Los tapaba con lechugas y puerros que salían rebosando de mi cesta». Los alemanes solo la pararon una vez:
    'Llevaba cuatro cartuchos de dinamita que iban a ser empleados para volar una torre de tensión. Los había escondido en unas remolachas huecas y con cuidado les había vuelto a poner el extremo más grueso. Les dije a los alemanes: «Son para mis conejos». No siguieron preguntando. Eso sí, continué pedaleando con gran dificultad. Tenía las rodillas entumecidas por los nervios'.
   Es difícil saber por qué Jeanette consideraba que había hecho muy poco por la Resistencia. Quizá no quería eclipsar a su esposo, que había pasado la guerra en un campo de prisioneros de guerra, aunque en el momento de la entrevista ya había fallecido. Quizá consideraba que, ya que solo había transportado armas y explosivos en lugar de manejarlos, su contribución era menos significativa que la de los hombres, que habían apretado los gatillos, aunque se había arriesgado a la deportación y a la muerte tanto como ellos. Quizá era tan solo una de aquellas resistentes cuya modestia era tan grande como su heroísmo."

lunes, 18 de junio de 2018

LOS RECUERDOS DEL ESCRITOR. LIMONES AMARGOS, de Lawrence Durrell

LOS RECUERDOS DEL ESCRITOR. LIMONES AMARGOS, de Lawrence Durrell 

    "...Janis había abierto las habitaciones en que vivía Marie, y yo entré, ocioso, en ellas, para mirar cuan polvorientos estaban los anaqueles y para revisar los varios tesoros cuya historia conocía y que algún día encontraría su lugar en la enorme casa: el arcón español, la celosía morisca, las pinturas y las telas indias, las lámparas egipcias y turcas, y libros por todas partes, apilados, raros compañeros de una soledad no autoimpuesta sino buscada. Un espejo y un peine de Bali, una Tanagra, una estatuilla de hierro de Krishna, una pintura mándala: todas estas cosas se habían prendido al ruedo del vestido de ella en algún veloz y enfático viaje a través del mundo y habían ido a alojarse allí, en las frescas habitaciones de su casa. Ésas son las cosas que el escritor lleva consigo como talismanes, para recordar las experiencias perdidas que algún día tendrá que volver a evocar y remodelar con palabras. Esa bailarina de Bali repite el eco del pasado con toda la fidelidad de un caracol marino llevado al oído."


18 DE JULIO DE 1936. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

18 DE JULIO DE 1936. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg 

    "Estaba ultimando un libro de relatos breves, Fuera de la tregua. Vino Irina de Moscú. En París hacía un calor insoportable; Liuba e Irina partieron para Bretaña. Les dije que me reuniría con ellas, pero antes tenía que transmitir al periódico la crónica sobre la manifestación del 14 de julio y terminar de escribir el libro. Recuerdo una noche de verano sofocante en la rue Cotentin. Estaba sentado, escribiendo; dejé a un lado el manuscrito y encendí la radio. Léon Blum mantenía una charla con el ministro de Educación… En Madrid, la muchedumbre tomaba al asalto el cuartel de la Montaña… Barcelona… El hotel Colón… La artillería… El general Aranda… Combates en el sector de Oviedo… Muertos, heridos…
    Me levanté de un salto. ¡Tenía que ir a alguna parte! Era tarde: las doce, no encontraría a nadie… No podía permanecer solo en una habitación tan silenciosa.
    Entretanto el locutor refería con toda calma que en la exposición de rosas de Cours la Reine había ganado el primer premio la rosa Madame Meilland…
    Para unos la vida se partió en dos el 22 de junio de 1941, para otros el 3 de septiembre de 1939, para unos terceros el 18 de julio de 1936. En lo que llevo escrito sobre mi vida habrá, con toda probabilidad, capítulos que resulten muy lejanos a mis coetáneos: en otro tiempo tuvimos diferentes destinos, diferentes temas. Pero a partir de la noche que estoy relatando, mi vida empezó a parecerse extraordinariamente a la vida de millones de personas: una pequeña variación sobre el tema general. Unas palabras que todos conocen muy bien definen diez años malos: comunicados, desmentidos, canciones, lágrimas, boletines, alarma aérea, repliegue, ofensiva, permisos, encuentros fugaces en los andenes, conversaciones sobre notas diplomáticas, sobre táctica y estrategia, silencio sobre lo más importante, evacuación, hospitales, enorme oscurecimiento general y, como remembranza del pasado, la luz de la linterna de bolsillo…"
Soldados franquistas encañonan a dos transeúntes en Sevilla el 18 de julio de 1936.

jueves, 14 de junio de 2018

CARIDAD HACIA EL TERCER MUNDO. UNA MAESTRA EN KATHMANDU

CARIDAD HACIA EL TERCER MUNDO. UNA MAESTRA EN KATHMANDU, de Victoria Subirana

    "...centros donde simplemente se enseñaba a leer, a escribir y a repetir lo que sus superiores querían escuchar. Ese tipo de escuelas que, por su falta de rigor cualitativo, nunca serían aceptadas en Estados Unidos, ni en Europa, ni en ningún país desarrollado. Ésos eran proyectos para lavar conciencias, donde se practicaba la falsa caridad. Este concepto de la falsa caridad no se vinculaba sólo al ámbito de apadrinar a un niño y mandarlo a la escuela sino que tenía una extensión más amplia: llegaba de la mano de las donaciones de gente de países ricos, que mandaban cantidades exageradas de ropa, de comida o de otros productos, sin pararse a pensar si los nepalíes las necesitaban o no. Se trataba, generalmente, de cosas que sobraban: vestidos que habían quedado viejos, pequeños, pasados de moda, medicinas caducadas, libros de texto del año anterior, juguetes rotos, en fin, lo que en España solemos llamar «estorbos». Aquello que decidimos tirar cuando nos ponemos a hacer la limpieza de los armarios. Generalmente nos da pena deshacernos de ello; por otra parte, no tenemos suficiente espacio en casa para almacenarlo, así que, si alguna institución de las llamadas «benéficas» viene a casa a recogerlo y además se lo envía a los pobres, nos creemos que estamos haciendo un gran acto de caridad. Aunque pueda parecer una tontería, con este tipo de actuaciones, siempre con la mejor intención, estamos creando un concepto falso de la palabra «cooperación» y también un vínculo vicioso muy negativo, entre el que envía las cosas y el que las recibe.
    La persona que hace una donación de cosas que ya no usa está confundiendo el concepto de «ayudar», que no significa «dar lo que le sobra a uno». Cuando uno quiere ayudar a alguien, debe hacerlo desde el punto de vista de lo que el otro necesita. En primer lugar, se le hace verbalizar cómo quiere ser ayudado y, a ser posible, se le proporcionan los medios para que esa persona se pueda ayudar a sí misma y para que un día pueda prescindir de nosotros. En lugar de mandarle vestidos, mejor sería capacitarle para que pudiera trabajar y, con el dinero que ganara, pudiera comprarse la ropa que le hiciera falta. De este modo se cortará el vínculo negativo que se produce cuando los pobres se pasan la vida esperando que se les ayude, cosa que a nosotros nos hace sentir generosos y buenos, los héroes de la película. La primera actuación genera esa dependencia de los pobres hacia nosotros que se prolongará para toda la vida. Eso es lo que Paulo Freire, en su libro Pedagogía del oprimido, llama «falsa caridad».
    A las palabras de Freire yo añadiría que, para actuar en contra de la falsa caridad, es necesario dotar a los más necesitados de aquellas herramientas que habrán de permitirles alcanzar el nivel de dignidad al que tienen derecho todos los seres humanos sin discriminación de ningún tipo. Dignidad que nos viene otorgada por el tipo de educación que recibimos, la información que nos rodea, los medios a nuestro alcance, la diversidad de opciones, oportunidades y opiniones a las que nos han sometido, el apoyo político, administrativo y social de nuestro país... En definitiva, todas aquellas cosas que nos vienen dadas desde el nacimiento y que nosotros no hemos tenido opción de elegir.
   La primera discriminación empieza cuando los que estamos ayudando nos creemos en un plano superior. Cuando existe la desigualdad de derechos, automáticamente se produce desigualdad en los beneficios y empiezan a surgir las «ayudas sucedáneo». Las ayudas auténticas son para la clase privilegiada y a los demás les tocan los sucedáneos.
   Aquellas conclusiones turbaron mi conciencia, desde luego, pero fueron muy valiosas para el montaje de mis proyectos futuros. No sabía todavía quién iba a financiar mi escuela, dónde la establecería, quiénes me ayudarían, pero una cosa sabía con certeza: la filosofía de mi escuela marcaría una diferencia en la vida de los parias de Nepal."

EL DIOS QUE ABANDONA A ANTONIO, de Cavafis

EL DIOS QUE ABANDONA A ANTONIO, de Cavafis

"...Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes
no digas que fue un sueño.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre."

miércoles, 13 de junio de 2018

WOODY BUSCA SU CAMINO. RUMBO A LA GLORIA, de Woody Guthrie

WOODY BUSCA SU CAMINO. RUMBO A LA GLORIA, de Woody Guthrie 

    "Quería ser mi propio jefe. Trabajar de lo mío fuera lo que fuese esto,  y depender de mí mismo. Transitaba por las calles bajo la ventisca de polvo y me preguntaba cuál era mi rumbo, adónde iba y en que me iba a ocupar. Toda mi vida se convirtió en un enorme signo de interrogación. Y yo era el único ser viviente capaz hallar la respuesta. Fui a la Biblioteca Municipal y escarbé en los libros. Me los llevaba a casa por docenas y a montones, de cualquier materia. No importaba cual. Quería profundizar en las cosas un poco, y sacar algo de allí, algo que me convirtiera en una persona de estima: libre para trabajar por mi cuenta, libre para trabajar en beneficio de todo el mundo"
Woody Guthrie, mamá Nora, papá Charley y su hermano George

jueves, 7 de junio de 2018

LA SOCIEDAD CONTRA EL GOBIERNO. EL SENTIDO COMÚN, de Thomas Paine

 LA SOCIEDAD CONTRA EL GOBIERNO. EL SENTIDO COMÚN, de Thomas Paine 

    "La sociedad en todos casos ofrece ventajas, al paso que el gobierno siendo un mal necesario en su mejor estado en su estado peor es intolerable; porque cuando nosotros sufrimos o estamos expuestos por causa del gobierno, a las mismas miserias que podíamos experimentar sin él, nuestras calamidades se aumentan con la reflexión de que hemos causado nuestros padecimientos, por los mismos medios con que pretendíamos evitarlos"

miércoles, 6 de junio de 2018

UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

    "La camioneta blanca es espaciosa y fiable, y le tengo mucho cariño. Forma parte de mi vida. Una noche me quedé frita leyendo un libro sobre la naturaleza del alma. Soñé con mi propia alma, y descubrí que es una camioneta blanca, alegre, impaciente; una camioneta que aceleraba a toda prisa —casi demasiado rápido—, de forma imponente, flotando ligerísima sobre la carretera, sin ceñirse a la ruta. Me parecería fabuloso tener un alma así.
    Como muchos de mis vecinos, soy pobre. Vivo con unos ingresos que están muy por debajo del umbral de la pobreza —aunque no parece pobreza cuando el ciclamor y el cornejo florecen a la vez—, y cuando viajo tengo que llevar cuidado con los gastos. Pocas veces como en restaurantes, y siempre duermo en la camioneta: estaciono en un área de servicio, desenrollo mi saco de dormir en el asiento delantero y ahí me quedo, más calentita y cómoda imposible. Por la mañana me lavo los dientes en el baño del área de servicio y me tomo el café matutino en el restaurante. Cuando viajo, la gente apenas me dirige la palabra o se percata de mí. Soy imperceptible en mi anonimato. Si fuera joven y guapa, quizá llamase la atención; pero ya soy demasiado mayor para ser guapa, y además siempre voy desaliñada, con lo que resulto invisible. Es una gozada, pues puedo quedarme sentada en una mesa del área de servicio, beberme mi café y ver sin ser vista."